miércoles, 24 de septiembre de 2008

Latitudes de silencio



Aquella noche, una terrible niebla lo cubría todo. Desorientado, no dejé de gritar tu nombre. No hubo respuesta. Una vez. Dos veces. Tres veces. Nada. La inmensidad de la oscuridad y un frio insoportable. La soledad ¿Dónde ir? Entonces me acordé de lo que me dijiste una vez. Sólo tienes que escuchar las palabras de tu corazón. Es el único que te dirá la verdad...

Con gran dificultad uno trata de elegir, de enfrentarse a las distintas situaciones que se nos presentan. Elegir...¡cuán complicado es elegir! Elegir supone descartar las demás opciones. Y eso me da pánico. ¿Inmadurez? Puede ser, pero yo creo más bien que a veces uno no entiende con claridad las silenciosas palabras que emergen desde el interior.

Pero siempre hay que elegir, en todos los ámbitos. La única libertad que nos queda actualmente, es la libertad de elección (a veces incluso ésta se ve mermada). Uno elige lo que es y cómo es, fiel a sus creencias y principios, y todo lo demás es accesorio, secundario. Un alto porcentaje de los elementos que componen nuestro día a día no son más que personajes secundarios en la bella historia que estamos escribiendo.Y que aún tiene que continuar escribiéndose. Convidados de piedra. Uno elige de quién se rodea y de quién no. Y en esta decisión no interviene más que uno mismo. Pero hay elementos que nos encontramos y que no han sido elegidos por nosotros; están ahí, mas tienen la importancia que tienen. Deben ser elementos inocuos, con nula influencia en nuestro devenir. Nosotros seríamos algo así como el director de cine que elije a los actores protagonistas de su película (en este caso de nuestra vida) porque quiere a esos actores, y no a otros. Tienen que ser esos.

Aunque parezca mentira sigo viviendo imposiciones diariamente, gente que se rodea de alguién sólo por el interés, gente "atada" a algo o alguién sin atreverse a cerrar esas puertas y abrir otras nuevas. ¿Dónde está la libertad de elección? ¿Queremos sobrevivir o queremos vivir? (dicotomía que tomo prestada del blog elsegundodecris.blogspot.com). Buena pregunta. Sobrevivir sería algo así como sortear los peligros de la naturaleza para seguir con vida. ¿Y vivir? Para vivir se me ocurren muchas definiciones, cada uno puede tener la suya propia. A veces creo que estoy viviendo y otras que estoy sobreviviendo. A veces me pregunto si las dos son una en si misma.

Vivir es escuchar en todo momento lo que te dicta el corazón y obrar en consecuencia, sin miedo al éxito o el fracaso. Y todo lo demás, vendrá sólo. Sólo escuchando dentro de nosotros mismos, tendremos la posibilidad de decir algún día que hemos vivido, y que toda esta historia ha merecido la pena. Lo contrario me da pánico.

Luces, cámara, ¡acción!

Cerraré los ojos, y trataré de escucharte. Ya te oigo. ¡Ahora te oigo claramente! Sigo viendo una densa niebla, pero puedo oírte. Ya no tengo miedo. Silencio. Iré allí donde tu quieras llevarme…

2 comentarios:

Anónimo dijo...

Bravisimo!!
Muy buen pensamiento el tuyo pajaruelo,vivir sobrevivir,elegir..saber elegir,equivocarte en las decisiones sean más o menos importantes en la vida,todo esto es posible para mi gracias a mi libertad,que es mia y solo mia,y por suerte, esto es una de las cosas que me acompañan cuando vivo y también cuando sobrevivo.
bichitante 2222(que bonito número los cuatro patitos)

Mar del Plata dijo...

Está bien todo eso que has escrito, queda bien así dicho, pero vos sabrás que tiene sus matices. Vós sabrás que tambien influyen las eleeciones de los que se encuentran a nuestro alrededor, porque la libertad de sus decisiones nos afectan también; porque, por ejemplo, nosotros podemos elegir rodearnos de alguien y que ese alguien quiera mantenerse muy lejos de nosotros, y esa libertad que ese alguien lleva a cabo nos afecta de una manera tal que puede hacernos sentir muy infelices.
Por, otro lado, yo puedo elegir viajar y conocer mundo y gente, pero existen ataduras sociales (laburo, dinero...)mucho menos poéticas y mucho más patéticas que nos impiden alcanzar algunas metas; por eso, no hay otra que amoldarse, acomodarse con esas ataduras y seguir tomando decisiones, pero, eso sí con grilletes en las manos o en los pies.
Claro que, para lo que realmente sós libre es para pensar, para elegir qué pensás, ya que no siempre para decir, para abrir la boca y opinar, ya que censura puede ser nuestra propia prudencia por no decir algo que pueda dañar a otros.
Así, pues, aplaudo estos espacios en los que te podés animar a escribir lo que pensás, como hiciste tú y como hago yo ahora.
Seguí mostrándote como sós porque otorgarás a los demás la posibilidad de poder conocerte sin máscaras.
Un saludo.